miércoles, 16 de marzo de 2016

Quiero leer: Blackhearts

¡Hooola! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo cansada después de volver de la facu. Prefiero quedarme trabajando jajajaja. Encima hace mucho calor

Eeeen fin... hoy vengo a hablarles acerca de un libro que tengo muchas ganas de leer. E incluyo el primer capítulo con el que me enganché hace unos cuantos días. ¡Disfruten!




BLACKHEARTS -  Nicole Castroman
(Blackhearts #1)


Título: Blackhearts
Autora: Nicole Castroman
Saga: Blackhearts #1
Género: Fantasía, Romance Histórico, Retelling, Juvenil, Aventuras
Idioma: Inglés
Fecha de publicación en INGLÉS: 9 de Febrero de 2016

Barbanegra el pirata era conocido por provocar miedo en los corazones de los más valientes de los marineros. Pero una vez él era apenas un joven que soñaba con dejar atrás su rígida vida para perseguir aventuras en tierras lejanas. Nada lo podía parar -hasta que conoció a la única chica que lo cambiaría todo.

Edward "Teach" Drummond, hijo de uno de los comerciantes más ricos de Bristol, acaba de regresar de un viaje de un año en alta mar para encontrar su vida en ruinas. Prometido a una chica que no ama y enfermo de la alta sociedad en la que nació, Teach sueña únicamente con volver al vasto océano que ya había empezado a llamar hogar. Sólo hay un problema: convencer a su padre para que lo deje irse y no volver jamás.

Tras la muerte de sus padres, Anne Barrett es abandonada sin dinero y pronto sin hogar. A pesar de que apenas ha trabajado un día en su vida, Anne se ve obligada a tomar un trabajo como sirvienta en la casa del Maestro Drummond. Días de soledad se extienden en semanas, y Anne anhela escapar. ¿Cómo va a realizar su sueño alguna vez de navegar a Curazao -donde su madre nació- cuando está atrapada en Inglaterra?

Desde el momento en que Teach y Anne se conocen, prenden el mundo en llamas. Atraídos entre sí, están atrapados por la sociedad y sus propias circunstancias. Enfrentando una elección imposible, deben decidir perseguir sus sueños e irse, o seguir su corazón y quedarse.



Suena genial. Amo los retellings ¿y piratas? Les cuento que conocí a Barbanegra por Piratas del Caribe, soy muy fanática de las películas... y de Johnny Depp

Pero más allá de eso, es interesante conocer la vida de Edward Teach antes de convertirse en el temido pirata Barbanegra. Les dejo aquí el primer capítulo que me dio más ganas de leer el libro. Lo traduje hace varios días pero recién hoy lo publico :P

Yyyy... recién me entero en el Twitter de la autora ¡que tendrá una secuela! ¡Yay! Eso es buenísimo porque me dijeron que el final me iba a hacer sufrir o algo así, que quedaba medio abierto.

¡Muchas gracias a Lisa Loves Literature por el extracto! Pueden pasarse por AQUÍ para ver su publicación en inglés + su reseña ;)



CAPÍTULO 1



Anne

Bristol, Inglaterra 1697


Después de la muerte del padre de Anne, su madre decía a menudo que la pena era el único sol que se levantaba para ellos. Su madre pronto le siguió a la oscuridad de la muerte, dejando a Anne sola para hacer frente al amanecer.

Esa mañana no era diferente, las espesas nubes de arriba estaban determinadas una vez más en liberar su frustración acumulada sobre ella. En el mercado lleno de gente y en sus puestos de venta, el aire olía a agua dulce en piedra húmeda y madera, acompañado por el olor de la sangre.

Otras criadas y cocineros de las grandes casas de la ciudad y canjeaban y compraban, sus voces cansadas pidiendo faisán, venado, y vaca. Anne se puso en fila con su cubo de frutas y verduras, esperando que no llegara demasiado tarde para conseguir los mejores cortes de carne. Al fin se acercó al carnicero, las muchas monedas en su bolsillo recordándole la gran importancia de los mandados.

El carnicero le guiñó, ojos marrones casi negros. "Es bueno verte, Anne. ¿Qué va a ser hoy?"

"El Maestro Drummond quiere venado esta noche," dijo ella, inspeccionando las patas y los hombros que colgaban de la viga central. Los ojos del carnicero la siguieron con la misma consideración. Con su cabello rubio, algunos podrían haberlo llamado guapo, pero ella sólo veía sus dientes amarillentos y olía el aliento rancio. Si el Maestro Drummond no hubiese insistido en que comprara a este carnicero en particular, ella hubiese encontrado uno diferente hace mucho tiempo. Él tenía al menos el doble de sus dieciséis años, y aunque su delantal estaba limpio, la expresión de su cara no lo era.

"Sí, su hijo vuelve a casa, ¿verdad?," dijo, inclinándose sobre la mesa. "Ha estado un año en el mar."

Anne dio un paso atrás, tirando de su chal más firmemente alrededor de ella, y finalmente encontró su mirada. "Sí, lo que significa que no hay tiempo que perder. Tengo que volver a la casa lo más rápido posible. Me quedo con ese," dijo, señalando un pedazo color rojo carnoso.

El nombre Drummond estaba siempre en los labios de alguien, porque Richard Drummond era uno de los comerciantes más ricos de la ciudad. En cuatro semanas, uno de los barcos más grandes jamás construidos, el Deliverance, zarparía de Bristol. Era la máxima competencia del Maestro Drummond.

"No, no puede tener esa. Ésta tendrá que servir," dijo el carnicero, metiendo un cuchillo en un delgado trozo de carne frente a él. Era viejo, la carne dura y difícil, la grasa contraída.

La cara de Anne se volvió roja de ira, y deseó por enésima vez que pudiese comprar en otro lugar. "¿Y por qué iba a querer esa pieza?," preguntó bruscamente. "¿Sabe usted lo que haría el amo si le sirviera eso para la cena esta noche?"

El carnicero sonrió. "Sé lo que yo haría," dijo.

Apretando los dientes, ella le dio lo que esperaba fuera una mirada altiva. "¿Que más tiene?"

Inesperadamente, él la agarró del brazo, tirándola cerca hasta que su cubeta golpeó la mesa, derramando el producto en los adoquines bajo sus pies.

"No actúes tan altanera y poderosa conmigo. Ya te lo he dicho. Te voy a dar los mejores cortes, pero esta vez te costará extra," se burló. "He sido un hombre paciente. Si quieres complacer a tu amo, vas a tener que complacerme a mí primero."

Como una libélula atrapada debajo del vidrio, su corazón se agitó. Se había acostumbrado a sus sugerencias lascivas, pero el agarre de sus dedos sucios en su brazo la llenaba de una nueva sensación de pánico.

"Usted puede complacerse a sí mismo," dijo entre dientes, tirando del brazo de su agarre. Con las manos temblorosas rápidamente recogió las frutas y verduras, sin molestarse en limpiar la suciedad de sus pieles. El carnicero se rió, un feo sonido que le revolvió el estómago. Ella lo miró, giró sobre sus talones, y pasó a través de la multitud en un intento de poner la mayor distancia posible entre ella y su puesto.

Que el diablo lo cuelgue. Si el Maestro Drummond quiere venado para el regreso de su hijo, él debería venir aquí y comprarlo él mismo. Si el carnicero trata de tocarme de nuevo, le pegaré como el cerdo que es.

Sólo después de estar varias filas de distancia, Anne se detuvo y se apoyó en una pared de ladrillo para recuperar el aliento, consciente de las miradas sospechosas tiradas en su dirección.

A pesar del hecho de que era un puerto importante, la mayoría de los habitantes de Bristol todavía no estaban acostumbrados a la apariencia de Anne. Ella era la hija ilegítima de un comerciante próspero inglés y una esclava de las Indias Occidentales, y la gente no sabía cómo reaccionar a la mezcla de piel cobriza de su madre y los ojos azules de su padre. Era obvio que Anne no pertenecía totalmente a ninguna de las dos razas, y otros a menudo la veían ya sea con desagrado o con desconfianza.

Con cansancio se enderezó, sus dedos alcanzando el reloj pequeño de oro de su madre escondido en su bolsillo, un hábito cada vez que estaba molesta o angustiada. Tenía que encontrar algo más que cocinar para la cena, y rápido. Con filas y filas de puestos, no sería demasiado difícil encontrar un nuevo carnicero, pero dudaba de que fuera capaz de encontrar la misma calidad.

La campana de la iglesia repicó la hora más alta, lo que significaba que Anne necesitaba regresar a la casa, pero no había venado decente que pudiese encontrar. Desesperada, Anne se conformó en cambio con un puesto limpio cerca del borde del mercado y compró dos faisanes a una mujer pequeña, de edad avanzada con una espalda encorvada y hombros frágiles.

La mujer tomó las monedas que Anne le entregó y se las guardó en el bolsillo, mirando fijamente a Anne todo el tiempo. Anne la ignoró, acostumbrada ya al escrutinio, después de años de miradas indiscretas. "¿Alguna vez tiene venado?" preguntó Anne, las aves de corral a buen recaudo bajo el brazo.

La anciana asintió. "Sí, pero lo hemos vendido a primera hora de esta mañana."

Justo mi suerte.

"Voy a volver en el futuro," Anne le aseguró, antes de dirigirse a la concurrida horda. A partir de ahora, compraría en el puesto de la anciana. Anne era la única que el Maestro Drummond enviaba al mercado. No había ninguna necesidad de que él descubriera dónde Anne adquiría sus comidas -ella no entendía por qué él tomaba tanto activo interés en sus compras de todos modos.

Parte de su cabello se escapó de su trenza gruesa y gorra, y ella con impaciencia ocultó las hebras negras obstinadas debajo, pensando en todo el trabajo que aún debía ser hecho. Un grupo de seis comería la cena esa tarde, y ella necesita llevar los faisanes a casa tan pronto como sea posible.

Sus pies se volvieron en la dirección del puerto. Los camarones eran el dulce favorito del Maestro Drummond, y le quedaba suficiente dinero. Aunque no sería mucho, podría ser suficiente para apagar su ira. Si no podía asegurar el camarón, temía que podría enviarla de vuelta a la casa de trabajo, donde tendría que trabajo junto al resto de los habitantes de la ciudad sin dinero a cambio de limosnas. El pensamiento envió un escalofrío por su espalda.

Mientras Anne se acercaba a los muelles, el sonido de las gaviotas se intensificó y las campanas de los barcos distantes se oía con más claridad. Su padre a veces la había llevado allí muy temprano en la mañana o tarde en la noche, cuando no había mucha gente alrededor. Había dicho que la presencia del mar dio a los mismos cielos una calidad especial, una que no podía ser duplicada.

Había libertad aquí. Fluía a través del aire y levantaba las velas de las embarcaciones mientras se iban. ¿Con qué frecuencia en los últimos cinco meses ella había estado tentada a alejarse, navegar fuera, y dejar esta vida detrás? Su madre había llenado su cabeza con historias de las Indias Occidentales, y su padre siempre le había prometido llevarla un día a la isla de su madre.

Las vistas y sonidos familiares de la línea de costa atrajeron a Anne. Era difícil respirar sin inhalar la esencia de la sal y el pescado, y nadie podía hablar sin tener que elevar su voz sobre los gritos de las gaviotas. Anne consiguió esbozar una sonrisa, la primera en toda la semana.

El vendedor de pescado al que normalmente le compraba la vio venir y se enderezó, devolviéndole la sonrisa. "Buenos días, Anne. Llegas un poco tarde esta mañana, ¿verdad?"

Ella asintió con la cabeza arrepentida. "Sí, es cierto. No tengo mucho tiempo, pero necesito algo de camarón," dijo, refiriéndose al pequeño barril detrás de él, lleno de grises crustáceos regordetes. "Dos libras deberían ser suficientes."

Él se encogió. "Realmente lo siento, pero esos ya han sido adquiridos."

El miedo afiló la voz de Anne. "¿Qué? ¿Todo el barril?"

"Sí. Alguien entró y compró el lote."

"Pero debo tener dos libras. Seguramente a usted le puede sobrar algo," dijo.

"No son míos para que me puedan sobrar. Sin embargo, puede pedirle usted misma a él, si quiere," dijo el vendedor de pescado, apuntando a alguien sobre el hombro de Anne.

Se volvió a tiempo de ver una gran figura que se aproximaba. Era al menos una cabeza más alto que ella, con un ancho pecho y piernas musculosas claramente visibles en los pantalones de color marrón que llevaba. Un machete colgaba de su cintura, por debajo de su chaqueta corta. Estaba bronceado y el pelo de la cabeza y la barba en su rostro eran tan negro como los techos que rodeaban el muelle.

Ella dio un paso involuntario hacia atrás cuando se detuvo a su lado. Él le dio una rápida mirada, sus ojos verdes brillantes, antes de volver su atención al vendedor de pescado. Su voz era suave y baja cuando habló. "En lugar de llevarlos yo mismo, me gustaría que los enviar-"

La desesperación llevó a Anne a interrumpirlo. "Por favor, señor. ¿Podría hablar un momento con usted?"

Una vez más, esos ojos verdes se volvieron en su dirección. Esta vez él le dio una lectura más completa, y ella se tragó el disgusto en su boca. Él no era un caballero. Su aspecto sugería un simple marinero, alguien que no podía permitirse el lujo de todo el barril.

"¿Sí?," preguntó.

"Se trata de los camarones. Me preguntaba si podía tomar dos libras de la parte superior y pagarle por ellos."

Una mujer se acercó por detrás y llamó al vendedor de pescado. Él se volvió para ayudarla, dejando al marinero desalineado y a Anne a su conversación.

Cuando se había acercado la primera vez, le había pensado mucho mayor, ya que él era más alto que la mayoría de los hombres. En una inspección más cercana, se dio cuenta de que no podía haber sido más de diecinueve años. Su expresión se calentó mientras él la considera. Estaba interesado, con claridad, pero Anne no estaba segura de si era por su propuesta o su apariencia.

"Hay más de un puesto que vende camarones," dijo.

Ella no iba a ser disuadida. Ya había perdido una batalla esta mañana y no podía permitirse el lujo de perder otra. El último cocinero que no había proporcionado la comida favorita del maestro para una ocasión especial había sido despedido y echado a las calles.

Por mucho que no le gustara a Anne vivir en la casa Drummond, era preferible a la cuneta. Y si se iba a otro hogar, no había ninguna garantía de que pudiera asegurar suficientes fondos para comenzar una nueva vida. "Sí, pero este hombre tiene las escalas más honestas y los pescados más frescos. Ya que no puedo comprarle a él, no tengo más remedio que pedirle a usted. Seguro no extrañará dos libras," presionó.

Las comisuras de sus labios se levantaron, y sus ojos verdes brillaron. "Ah, pero lo haría. ¿Ha considerado ostras como sustituto?"

Anne frunció los labios. El maestro Drummond odiaba las ostras. "No, tiene que ser camarón. Por favor, tengo una muy importante comida-"

Era su turno para interrumpir. "Yo también tengo una comida importante, para la cual necesito todo el barril."

Sin duda tratando de impresionar a una chica y su familia. "Tengo suficiente moneda. ¿Cuánto costaría?, " preguntó ella con fuerza.

Él se detuvo por un momento, aún teniéndola en cuenta. Ella se movió incómodo bajo su mirada, pero se negó a dar marcha atrás. La multitud que los rodeaba adelgazó, evidencia de que estaba perdiendo el tiempo. Sus ojos le rogaron a cumplir.

"Tal vez he sido demasiado apresurado. Podríamos discutir el precio," dijo, alcanzando audazmente su brazo.

Una imagen del carnicero pasó ante sus ojos, pero esta vez no había mesa para separarla de su atacante. Sacudiéndose libre de su agarre, Anne trajo el cubo hacia adelante, golpeando el marinero sonoramente entre las piernas. Él se dejó caer de rodillas, el aliento escapó de sus pulmones con un dolido "Ooof", sus ojos ya no brillaban.

"¡Mantenga sus manos para sí mismo, sucia rata de mar! Incluso si fuera a ofrecerme el barril lleno, no iría a ninguna parte con usted!"

Por segunda vez esa mañana, Anne se precipitó fuera de un avance no deseado, maldiciendo en voz baja entre dientes. Sentía los ojos del marinero siguiéndola, haciendo un agujero en la parte posterior de la cabeza, pero ella no se dio vuelta. Él no estaba en condiciones de perseguirla, al menos no ahora.

Corriendo de los muelles, alcanzó una vez más el reloj de bolsillo de su madre. Un escalofrío le recorrió la espalda y elevó una oración en silencio, pidiendo que el corazón del Maestro Drummond se suavizara y que no se encontraría en el extremo receptor de su furia.

Anne también oró para que su camino no se volviera a cruzar con el del marinero, porque si lo hiciera, sabía con certeza que no iba a dejar el encuentro indemne.


Obviamente, se vuelven a encontrar... ;)




Sobre la autora:

Nicole tuvo la suerte de venir con su propia mejor amiga... tiene una hermana gemela que le puede leer la mente y terminar sus oraciones por ella.

A la edad de 13 años, se fue a Europa por primera vez y le cambió la vida. Le encanta aprender acerca de diferentes personas, lenguas y culturas y habla con fluidez el alemán. Ella sabe suficiente español para meterse en problemas y todavía puede leer el alfabeto cirílico de cuando estudiaba ruso.

Recibió su B. A. de la Brigham Young University y ha vivido en Alemania, Austria y dos lugares diferentes llamados Georgia. Uno está situado en el Mar Negro. El otro es el estado de Georgia, donde ahora vive con su guapo esposo y sus dos hijos preciosos que continúan asombrándola.




¿Qué les parece este libro? ¿Les interesa leerlo?

4 comentarios:

  1. Hola! es la primera vez que escucho de un libro así y vaya que me ha llamado mucho la atención, como dices es interesante saber de barbanegra antes de ser barbanegra jajaja, Me enganche con el primer capitulo. Un beso y te invito a mi blog.
    www.amarcomeryleer.blogspot.mx

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! Siii a mí me encanta conocer las historias de los personajes antes de volverse tan famosos, especialmente los villanos para enterarme qué los llevó a ser como son. Por eso amo Once Upon A Time xD
      Me alegro que te hayas enganchado ya, yo también, a ver cuando me hago un tiempo para leerlo
      ¡Saludos!

      Eliminar
  2. Pues a mí me ha llamado la atencion,besitos;)

    ResponderEliminar
  3. Pues a mí me ha llamado la atencion,besitos;)

    ResponderEliminar